En 2019 Netflix ha lanzado Sex Education, una serie que en principio parecía poco atrapante y llamativa, pero que terminó por sorprender a todos. En la primera edición esta tira contó con ocho episodios que dieron mucho de qué hablar. Protagonizada por Asa Butterfield y Emma Mackey esta ficción sigue la vida de Otis y Maeve, dos estudiantes que emanan su interés por la educación sexual tanto como para ellos como para sus compañeros. 

Sin dudas, una trama que era completamente necesaria ya que, además, muestra las distintas problemáticas a las que los adolescentes les hacen frente en la actualidad. Entre ellos, claro, el bullying y el acoso escolar. Además, Sex Education ahondó en cómo personas que se auto perciben no binarias, homosexuales o mismo alumnos que quieren comenzar una vida sexual manejan dichas situaciones hoy en día. 

Tal es así que Sex Education supo llegar a distintos públicos al punto de que la serie terminó por convertirse en una de las favoritas de los usuarios de Netflix. De hecho, ya lleva tres temporadas en su haber y próximamente estrenará una cuarta. Pero, en lo que llegan los nuevos episodios, el gigante de streaming tiene una ficción que podría suplantar su falta. 

Se trata de Dirty Lines, la cual cuenta con una temporada de seis episodios y llegó al servicio on demand el pasado 8 de abril. La tira está ambientada en el Ámsterdam de 1987 y sigue la historia de una psicóloga que encuentra un nuevo trabajo y su vida cambia para siempre. Una historia que marca una revolución cultural. 

La sinopsis oficial de Dirty Lines dice: “La historia de «Líneas eróticas» inicia en la Ámsterdam de 1987, en una época en que la sociedad neerlandesa atravesaba cambios vertiginosos. La estudiante de Psicología Marly Salomon acepta un trabajo a tiempo parcial en una firma naciente: Teledutch. Se trata de una empresa fundada por los hermanos Frank y Ramon Stigter, y las primeras líneas eróticas de Europa. Frank y Ramon se hacen ricos de la noche a la mañana, mientras que Marly se ve inmersa en esta intensa y rápida transformación. Los últimos años de la Guerra Fría despertaron una sensación de esperanza e inspiraron a una nueva generación a celebrar la vida al máximo. Ámsterdam se convirtió en el epicentro de esa revolución cultural con un estilo musical nuevo y radical: el house, y una nueva droga del amor: el éxtasis. Las líneas eróticas ofrecían la oportunidad de experimentar el sexo anónimo de nuevas maneras, cambiando el sentido de la moral de las personas que las usaban, pero también el de quienes las crearon”.