Diciembre de 1991. Sandringham, Inglaterra. En su nueva película titulada SpencerPablo Larraín construye alrededor de este escenario de tiempo y espacio los últimos días que soportó Lady Di como miembro de la familia real británica y que desembocaron en su posterior divorcio. La joven en aquella época tenía apenas 30 años, pero ya había vivido suficiente tormento. Al poco tiempo de su casamiento con el príncipe Carlos, en 1981, su vida comenzaba a dar un vuelco de 360 grados. Para mediados de los años 90 ya casi nada quedaba de esa intrépida adolescente que quería dedicarse a la docencia, que amaba la música y el baile. Diana había perdido ese histrionismo dulce, sí, pero histrionismo o brillo natural, al fin y al cabo. 

Larraín intenta ponerse en el lugar de una Lady Di hastiada y agotada de su esposo, de la amante de su esposo Camila Parwer Bowles, de la Reina Isabel y de los cientos de protocolos a los que debía atenerse. Entonces, volviendo a la película. Con todos estos antecedentes de fastidio, Diana debe -y no es casualidad el uso de este verbo- pasar la Navidad junto a su familia política en uno de los castillos de Sandringham, muy cerca de donde se encontraba la casa de su infancia y que es clave en el desarrollo narrativo del film. 

“Son solo tres días, tres días”, se repite así misma al comienzo de la película como tratándose de convencer que la pesadilla terminaría pronto. La cinta se propone, en este sentido, hilar muy fino en el deber ser y en la libertad. En esos tres días, Diana navega entre esos polos opuestos tratando de encontrarle algún sentido a su vida, tratando de luchar con sus fantasmas, con su oscuridad, oscuridad en la que se vio sumergida desde su llegada a la monarquía británica. Así como ya lo ha hecho The Crown en su temporada 4, Spencer expone los problemas alimenticios y autoflagelaciones que sufría Diana estando presente en los eventos y reuniones reales. 

Ahora bien, regresando a la trama narrativa a través de la cual gira la película, o más bien, a los que hechos que se cuentan. Aquí lógicamente hay que hacer una aclaración ¿Esto de veras tuvo lugar? La respuesta es no. Y ahí es donde lo de llamar a esta película biopic no sería tan acertado. Incluso, el filme elige condimentar esta fábula con un supuesto interés de Lady Di en la vida de Ana Bolena. Una propuesta, sin dudas, peculiar y original pero de lo que tampoco hay rastro.

Lo cierto es que tal cual como se muestra en el film, en la realidad no existió. Pero el punto es que el cineasta chileno y el guionista Steven Knight (Peaky Blinders, Locke) buscaron una metáfora, una manera de contar lo que a Lady Di sí le ocurría en diciembre de 1991, aunque visto a través de acontecimientos irreales que se abocan a sensaciones de ellos mismos sobre cómo Diana se encontraba para ese entonces. Ya habían pasado 10 años desde su boda, tenía dos hijos con Carlos y a Camila Parker en sus narices día y noche. Ese año, esos meses fueron vitales para que ella se diera cuenta de lo que quería para el resto de su vida. O simplemente para mostrar su verdadero yo. 

De hecho, no es fortuito que la película reciba el nombre de Spencer, el apellido de soltera de Diana. Aquí no hay Lady Di, ni la princesa de Gales, sino que el filme utiliza toda esta fábula de una Navidad trágica para relatar cómo Diana se dedicó en ese tiempo a revisar su pasado, a volver a sus orígenes, a reencontrarse a sí misma y con aquella niña llena ilusiones y sueños que habían sido totalmente derrotados por su ira y un odio autodestructivo. Fue cuando volvió a ser Diana Spencer que se animó de una vez por todas a escapar de Carlos y de toda la corona británica. 

El viaje que hace Spencer está estelarizado por Kristen Stewart, que a pesar de lo que puedan llegar a decir sus detractores, la actriz brinda una actuación única y comprometida. La intérprete logra transmitir en sus gestos, en sus miradas y, claro, en sus diálogos aquellos sentimientos que podían aquejar a Diana en ese momento. Por supuesto, es ella quien más destaca, pero está muy bien acompañada por Timothy Spall, Sally Hawkins,  Jack Farthing, Jack Nielen y Freddie Spry, quienes interpretan a William y a Harry respectivamente.

 

Spencer está filmada con una minuciosidad impecable, digna de Larraín, quien ya había demostrado esta habilidad en Jackie, el biopic de Jackie Kennedy. Por supuesto, en este punto, hay que hacer una mención a la dirección de fotografía a cargo de Claire Mathon que cautiva rincones de Alemania -en su mayoría- y Reino Unido. Asimismo, el diseño de vestuario es verdaderamente exquisito. Cada uno de los trajes y vestidos que se muestran han sido trabajados con espectacularidad. 

Es importante también hablar de la banda sonora a cargo de Johnny Greenwood, conocido por ser el guitarrista de Radiohead. Las piezas compuestas por el músico multinstrumentista logran reflejar la tensión, el miedo y la desesperación de lo que se está viendo en pantalla.

En conclusión, la cinta cumple con un elemento bastante importante en estos tiempos globalizados: la curiosidad. No es tan difícil imaginar a los espectadores buscando respuestas a preguntas como: ¿Esto pasó? ¿Lady Di tiene alguna relación con Ana Bolena? O incluso -para quienes no sean tan fan de la vida de la princesa de Gales- ¿Por qué es tan importante Lady Di para el Reino Unido? Los interrogantes son infinitos y seguramente viendo Spencer se podrían despertar estos y muchos más.