Cuando Sofia Coppola se presentó como directora con Las Vírgenes Suicidas dejó una gran impresión en el ambiente. Por eso, mucha gente quedó a la espera de su segundo film, que llegó cuatro años más tarde. Perdidos en Tokio se estrenó en 2003 con un reparto de lujo: Bill Murray y la estrella en ascenso, Scarlett Johansson.

Para Coppola fue más que una segunda película, fue una forma de expresar un drama muy personal. El conflicto interno que atraviesa Charlotte (Johansson) refleja la relación que Sofia tuvo con Spike Jonze cuando fueron pareja. De hecho, el personaje de Giovanni Ribisi trabaja como fotógrafo y tiene contacto con celebridades, igual que Jonze.

Varios de los amigos de Sofia Coppola fueron parte del rodaje de Perdidos en Tokio, con pequeñas apariciones relacionadas a las salidas nocturnas entre Bob (Murray) y Charlotte. Así lo confirmó el diseñador de producción del film, K.K. Barrett, que también especificó cómo fue darle forma a este mundo.

La primera diseñadora de producción de la película iba a ser una amiga de Sofia que tuvo que dejar el proyecto por problemas familiares. Así de personal era la película para Coppola que, según contó Barrett, “gran parte de lo escrito se basó en experiencias que ella tuvo allí”, incluida la escena del karaoke, “con esos mismos amigos que se ven en la escena”.

Algunos datos curiosos que hicieron única a Perdidos en Tokio

Como en toda producción, hay detalles que ganan notoriedad y están apoyados en la verdad, y otros que son mitos desmentidos o que, simplemente, jamás sabremos. Entre los que forman parte de este último grupo está el del personaje de Anna Faris, que dicen que se habría inspirado en Cameron Díaz, pero Sofia Coppola explicó que hay ocho mujeres distintas en las que se basó.

También se encuentra la escena del final, que deja al espectador con un nudo en la garganta cuando Bob se baja del taxi para despedirse de Charlotte. En el libreto se especifica que la línea es "lo sé, yo también voy a extrañarte". Sin embargo, jamás sabremos qué le dijo realmente Bill Murray a Scarlett Johansson.

Tampoco podemos estar completamente seguros de que la película hable directamente de Spike Jonze, más allá de los elementos similares. “Es lo genial del arte. Un compositor escribe una canción una vez que sale al mundo ya no le pertenece. Sería un error terrible que el compositor vaya y le diga a esa gente que ama esa canción porque los interpela que se trata o no se trata de algo”, sostuvo Barrett.

La idea de rodar en Japón nació mientras promocionaba Las Vírgenes Suicidas. Sofía se hospedó en el hotel Hyatt y se enamoró del lugar. Eso sí, estuvo un tiempo largo hasta que logró convencerlos de que le permitieran rodar allí.

Una vez definida la historia, Bill Murray fue la única opción para el protagónico y acordó ser parte sin firmar nada. Una semana antes del rodaje arribó a Tokio. Una de las escenas más recordadas es la del comercial del whisky Suntory, inspirada en un anuncio real que rodó el padre de Sofia Coppola, Francis Ford Coppola. A Bill no le dijeron qué decía el director del comercial de Suntory para que su confusión fuera genuina.

Her, la respuesta de Spike Jonze

Seis años después del lanzamiento de Perdidos en Tokio fue el momento de Spike Jonze. Con Her contó su versión de los hechos ya no del momento del distanciamiento de la pareja sino de la vida después de la ruptura. De hecho Theodore (Joaquin Phoenix) está en pleno divorcio de una escritora. 

“Tuvieron sus experiencias, comparten un gusto similar en el arte y el mundo”, aseguró K.K. Barrett, que también fue diseñador de producción de Her y entiende que hay similitudes en el arte de ambas producciones. Claro que en ningún momento se arriesga a confirmar o no las teorías con las que la audiencia juega hace años, sobre el mensaje de las películas.

Hay planos muy similares en ambas películas y las dos muestran la soledad desde distintos puntos de vista. Ambos personajes están igual de quebrados y es inevitable pensar en la conexión entre el film y el amor que vivieron los dos. Pero solo podemos conformarnos con elaborar teorías y comparar dos películas. Suena muy improbable que algún día Spike Jonze o Sofia Coppola se animen a contar cuánto hay de ellos en estas historias.