El éxito y la fama pueden ser un universo soñado para buena parte de los artistas que sueñan con llegar a la televisión. Pero aquello no significa que las complicaciones personales no sigan influyendo en el camino. Así lo intentó explicar Jennette McCurdy, la actriz que le dio vida a Sam en iCarly, que atravesó un trauma en su adolescencia en relación con el vínculo con su madre. ¡Conoce su difícil historia de vida!

La producción de Nickelodeon le otorgó popularidad a nivel global. Aquella sitcom emitió su primer episodio en 2007 con Miranda Cosgrove como protagonista. La idea era clara: Carly y Sam, junto a su amigo Freddie Benson (Nathan Kress) iniciaron un webshow en su propia casa para abrirle la puerta a los invitados más divertidos. Hasta 2012, nuevos episodios llegaron para marcar la infancia de miles de televidentes.

Fue tal su fenómeno que Paramount+ decidió retomar su éxito con un reboot que acaba de estrenar hoy doble episodio y que continuará con capítulos semanales cada viernes. Sin embargo, Jennette McCurdy no forma parte de la ficción. Y es que luego del gran furor, había decido tomarse un tiempo de la pantalla. ¿Qué ocurrió realmente? Poco se supo al respecto de su decisión hasta ahora.

La actriz se involucró de lleno en las campañas de salud mental y trastornos de alimentación, mientras que limitó su trabajo al detrás de cámaras como productora y directora de cortometrajes. Pese a ello, ahora volvió a ponerse en boca de todos con el lanzamiento de un libro que se titula Me alegra que mi mamá muriera. Alli se encargó de revelar cómo su madre la presionó para ser una estrella, llegando al punto de sufrir anorexia.

Para 2013, su madre Debby McCurdy falleció de cáncer, es decir, justo antes de su despedida de la actuación. En diálogo con People sostuvo: “Las emociones de mi madre eran tan erráticas que era como caminar sobre la cuerda floja todos los días. Ella siempre había soñado con ser una actriz famosa y se obsesionó con convertirme en una estrella. Sentí que mi trabajo era mantener la paz. Y quería hacer feliz a mi mamá. Sé que, si ella estuviera viva, todavía tendría un trastorno alimenticio. Fue sólo la distancia de ella lo que me permitió estar sana”.